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Familia y Tiempo De Calidad

Fecha de publicación: 2014-04-07, Por Fabiola Castillo Rojas - Psicóloga Infanto-Juvenil - Terapeuta Centro de Terapia del Comportamiento Sucursal Santiago Centro

En terapia, con frecuencia se oye a los padres preguntar cómo conseguir que sus hijos se porten bien, cómo enseñarles normas. Los padres suelen sentirse impotentes frente a una mala conducta en el colegio o en la casa, y no saben qué más hacer, porque el castigo y los premios ya han fracasado en cambiar comportamientos inadecuados de sus niños. ¿Porque las malas conductas persisten? Una de las cosas que a veces nos llama la atención a los terapeutas es que las normas parecen simplemente ser rechazadas de plano, y el niño se enfrenta con toda su voluntad a éstas, no importando premios ni castigos ni el enojo de sus padres. Simplemente no las aceptan, y solo mejoran leve y temporalmente su conducta mediante grandes regalos, que a veces superan la capacidad adquisitiva de los padres o van en contra de los principios o las costumbres familiares.

Este problema no solo aparece en jóvenes adolescentes o púberes, sino ya desde las edades más tempranas, pero principalmente en la etapa de escolarización (entre primero y tercero básico). Si se mira de cerca, el rechazo a las normas parece casi lógico en el caso de hogares donde los más pequeñitos han sido “los reyes de la casa” y han hecho lo que han deseado, sin importar mucho darles hábitos o no, ya que “ese es el rol del jardín infantil”. Es cierto que los niños aprenden hábitos en los jardines, pero también estos hábitos (de aseo, de orden, seguir instrucciones, con las comidas y las regulaciones de los tiempos para cada cosa, entre otros) deben ser reforzados en el hogar. Por ejemplo, si el niño en el jardín come a sus horas, ordenadamente y sentado a la mesa, se confunde si los padres le llevan la cena a su habitación o al living para que coma viendo televisión, en vez de sentarlo a la mesa con sus padres.

No obstante, más allá de la falta de consistencia al criar a los niños, pareciera haber una resistencia de éstos a toda prueba frente a las normas. Una mirada más profunda a estos casos muestra que muchas veces la relación, o vínculo como lo llamamos los psicólogos, de los niños con sus padres está muy debilitada, casi como si se tratara de extraños que se ven sólo los fines de semana, donde los padres no conocen ni entienden a sus niños ni los pequeños conocen a sus padres. Viéndolo así, es comprensible cierta extrañeza de un niño (que aun no tiene la capacidad de análisis de un adulto) frente a aquella persona que está presente solo para poner restricciones a lo que él hace.

El vínculo padre-hijo puede ser fortalecido, y de este modo, contribuye a lograr una especie de alianza, donde las normas, instrucciones y consejos de los padres obtienen validez, se vuelven importantes para el niño, pero ¿Cómo mejorar ese vínculo? Es necesario de revertir cantidad por calidad en el tiempo compartido en familia, para lo cual es necesario aprender a administrar el tiempo, a equilibrar todas las facetas de la vida. Piense que compartir es un privilegio y no una obligación. Separe el tiempo ocupado en administrar normas o en lo formal, del tiempo destinado a disfrutar en familia: lo más importante es la vivencia y no la forma. ¿Cómo?:

- Administre su tiempo: Planee, estableciendo límites. Haga al menos una comida en familia al día. Calendarize y no postergue las actividades familiares.

- Actitud: Predispóngase a disfrutar, borre toda preocupación de su mente, con voluntad. Se trata de compartir actividades y no espacios. Disfrútelo creativamente, juegue, diviértase.

- Escuche: Para compartir debe conocer a su familia, ser amigos, reconocer su individualidad, respetar su privacidad. Pregúnteles su opinión para planear, sea flexible y tolerante.

- Comuníquese: Converse, con lenguaje apropiado, interpretando los silencios, aprenda del otro.

- Desconéctese: Haga espacio. Apague el computador, celular y TV. Colabore con las tareas (sea considerado, agradezca).Tome la decisión de invertir tiempo.

*Esté presente hablando, escuchando, permaneciendo y atendiendo en un 100%. Haga lo que se pueda, pero muy bien y termine lo comenzado.




 
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