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Familia y Trastorno Bipolar

Fecha de publicación: 2018-06-29, Por Rodrigo Arnaiz / Psicólogo / Sucursal Santiago Centro / Centro de Terapia del Comportamiento

Ya se sabe, y es algo muy positivo, que un paciente con trastorno bipolar que sigue un tratamiento adecuado, consigue pasar gran parte del tiempo sin los síntomas de la enfermedad y puede llevar una vida similar a cualquier persona. Para que esto se logre, es muy importante el apoyo familiar. Además de la ayuda profesional de psicólogos y psiquiatras, la participación de la familia es determinante para un buen resultado.

A continuación se presentan formas en que la familia y las personas más cercanas pueden apoyar al paciente. Luego, se nombran algunos elementos de autocuidado para los miembros que conviven con el paciente, para que tanto puedan dar el apoyo necesario como sobrellevar esta situación de mejor manera.

El apoyo comienza desde que aparecen los primeros síntomas de la enfermedad. Generalmente son los padres u otro miembro cercano quien se da cuenta de que algo ?anda mal?. Perciben que la persona duerme poco, se salta comidas, habla muchos temas sin parar, tiene gastos excesivos y conductas de riesgo, o fuma mucho, entre otras cosas. Por otro lado, en la etapa depresiva, lo observan con un ánimo decaído, poco interés en realizar actividades, baja autoestima, poca energía vital y cambios bruscos de peso en corto tiempo. Acompañado de períodos de dormir mucho o no poder dormir, fatiga, sensación de culpa y negatividad en los pensamientos hasta tener ideas de muerte. Ante esta situación, la familia puede darse cuenta del problema y tomar la iniciativa para iniciar un tratamiento. Una vez definido el diagnóstico, el psicólogo o psiquiatra explica a la familia y al paciente las características de la enfermedad. La idea es que lo haga de la forma más clara y simple posible, de manera que la familia, además del paciente, pueda entender y apoyar el tratamiento. En este sentido, la familia, al saber de la enfermedad y el proceso que está viviendo el paciente, puede apoyar la línea propuesta por los profesionales en el hogar. Además, si conocen la enfermedad, les cuesta menos reconocer los síntomas y avisar en una emergencia.

La familia puede apoyar al paciente a que inicie y continúe el tratamiento. El paciente puede requerir de la ayuda de un familiar para asistir a las primeras sesiones y tomar los medicamentos. Es alguien cercano al paciente quien lo acompaña. Si esto se logra, el paciente, con el tiempo, estabiliza su ánimo y logra mayor autonomía, pudiendo asistir a las sesiones y tomar sus remedios solo.

El rol de la familia es fundamental para participar activamente en: alentar las mejorías, fomentar su autocuidado, ofrecer un apoyo incondicional, ayudar a manejar el estrés y resolver problemas, apoyar hábitos y rutinas que ayuden al control de la enfermedad. Es vital para frenar las fases de manía y regular la fase de depresión, así como incide en reducir la intensidad y frecuencia de recaídas. Por ejemplo, en la fase maníaca, la familia puede ayudar controlando los gastos y restringiendo el uso de tarjetas de crédito del paciente; en la fase depresiva, la familia puede contener emocionalmente al paciente, darle pocas instrucciones y exigirle solo lo necesario.

Por último, es relevante el autocuidado de los miembros de la familia que conviven con el paciente. Ellos tienen una carga emocional y operativa importante que hace necesario el cuidado personal. Algunas medidas son: gestionar las emociones, como la rabia, tristeza, culpa y desesperanza; mantener una distancia sana con el paciente y también preocuparse de uno mismo; conocer los límites personales y la carga que se puede sobrellevar; evitar el estado de hipervigilancia; confiar en el proceso; buscar energía de otras fuentes (ejercicio, amigos, terapia, espiritualidad, etc.) para convivir con el paciente; distribuir responsabilidades ante la enfermedad del paciente, de manera de no sobrecargar a un solo miembro de la familia, entre otras medidas.

En síntesis, la familia es prioritaria para lograr un tratamiento adecuado de los pacientes con trastorno bipolar, tanto desde la fase inicial de diagnóstico como a lo largo del proceso de la enfermedad y su recuperación.




 
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